Koppert: el impacto de los biológicos en la salud del suelo a largo plazo
Nicolás Faiman, Business Developer de Koppert Argentina, analizó los avances en la aplicación de tecnologías biológicas para el tratamiento de semillas, destacando el rol fundamental de la calidad, la dosificación adecuada y el monitoreo continuo para garantizar la salud del suelo y la productividad de los cultivos.
"Presentamos en este Congreso de Aapresid 2026, un estudio a largo plazo sobre uso de bioinsumos Koppert. Fueron cinco campañas en diferentes escenarios productivos y lo armamos con el objetivo de evaluar la respuesta del suelo frente a la aplicación continuada de tratamientos biológicos, la compañía llevó a cabo un seguimiento desde la 2021/22 hasta la última campaña gruesa", afirmó.
El estudio se focalizó en dos localidades representativas de la región pampeana con planteos productivos marcadamente diferentes:
Bustinza (Santa Fe): Bajo un esquema simplificado de menor rotación (monocultivo de soja), buscando medir el impacto del insumo biológico en condiciones de mayor exigencia.
Cruz Alta (Córdoba): En un sistema de rotación más complejo y de alta tecnología.
Metodología de medición: ¿Cómo evaluar la salud del suelo? Para medir la evolución del suelo a través del tiempo, se utilizó el Test de Haney, una herramienta diagnóstica integral que evalúa parámetros clave. Este test es un análisis de laboratorio para medir la salud del suelo. A diferencia de los exámenes tradicionales que solo miran la química, esta prueba evalúa la actividad biológica incluyendo:
Respiración del suelo: Permite determinar la actividad y volumen de microorganismos presentes.
Disponibilidad de alimento: Medición de carbono orgánico y nitrógeno orgánico solubles en agua.
Extractante H3A: Simulación de los exudados radiculares para precisar la disponibilidad real de nutrientes para las plantas.
Actividad enzimática: Indicador directo de la dinámica biológica del suelo. Los bioinsumos utilizados fueron: Inoculación y fijación: Bradyrhizobium japonicum para soja y Azospirillum argentinense (cepa AZ39) para gramíneas y leguminosas.
Solubilización y protección: Bacillus subtilis (solubilizador de fósforo) y Trichoderma harzianum (cepa SALK 1306) como biofungicida.
En cuanto al origen de las tecnologías, Faiman destacó que en Argentina la empresa se especializa principalmente en la producción local de bacterias (como Bradyrhizobium y Azospirillum), mientras que las líneas de biofungicidas y bioinsecticidas son importadas desde sus instalaciones en Brasil.
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Claves para el Bio éxito:
Calidad, conservación y manejo complementario El especialista remarcó que el mercado de los biológicos ha evolucionado favorablemente en los últimos años. La brecha de precios frente a las opciones químicas tradicionales se ha reducido sensiblemente, generando mayor confianza en los productores. Sin embargo, subrayó que el éxito de la tecnología depende de un uso responsable: Selección y dosis: Utilizar productos de alta calidad en las dosis recomendadas.
Las claves para usar bien el biológico son:
Conservación: Cuidar la cadena de almacenamiento para garantizar la llegada de organismos vivos al lote.
Estrategia a medida: Mientras que en cultivos como soja y trigo el uso de un biofungicida 100% biológico demuestra una excelente eficacia para el control de patógenos, en otros cultivos como arveja, cebada o garbanzo resulta clave complementar la estrategia incorporando un fungicida químico.
Sobre el papel del asesor y el comercial señaló: "La recomendación debe ser profesional y personalizada, adaptada a la problemática de cada lote, al cultivo y al respaldo de los datos disponibles", concluyó Nicolás Faiman.
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