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Bioinsumos SEPTIEMBRE - 2026

Biológicos: la creación de valor migra de los productos al sistema integrado

Biológicos: la creación de valor migra de los productos al sistema integrado

La industria global de insumos agrícolas atraviesa un cambio estructural en la forma en que se crea y captura valor. Aunque los mercados de Bioinsumos e insumos funcionales continúan creciendo, la expansión en hectáreas no necesariamente se está traduciendo en una mayor rentabilidad para fabricantes, distribuidores o productores.

Según M. Sc. Manel Cervera, Managing Partner de DunhamTrimmer, el escenario combina un crecimiento en la adopción de tecnologías de bioinsumos con barreras comerciales cada vez más relevantes. Según Cervera, categorías como biofertilizantes, bioestimulantes y biocontrol presentan diferentes niveles de madurez, pero comparten desafíos como la presión sobre los precios, la entrada de nuevos competidores, la comoditización y la dificultad de transformar la innovación científica en una ventaja comercial escalable.

“En los biofertilizantes existe un potencial tecnológico muy elevado, especialmente en la fijación biológica de nitrógeno y en el aumento de la eficiencia en el uso de nutrientes. Sin embargo, el desempeño variable entre ambientes y campañas, la limitada integración con los programas agronómicos convencionales y la necesidad de cambios en el comportamiento del productor siguen dificultando su expansión como herramienta agrícola estándar”, señala Cervera.

Los bioestimulantes también continúan creciendo, pero en un entorno de creciente comoditización. Las bajas barreras de entrada, los productos con características similares, la presión sobre los precios y la incorporación de nuevos participantes hacen más difícil la diferenciación.

“El desafío es conseguir que los atributos respaldados por la ciencia se conviertan en ventajas comerciales capaces de ganar escala”, afirma el Managing Partner de DunhamTrimmer. En el biocontrol, el avance de la adopción está acompañado por señales de erosión de valor en mercados importantes. Brasil aparece como un ejemplo de elevada utilización, pero también de intensa competencia y presión sobre los precios, mientras que Europa y América del Norte presentan señales de mayor madurez.

“Estamos viendo que el crecimiento de la adopción no necesariamente significa crecimiento proporcional del valor capturado por todos los actores de la cadena. La pregunta ya no es solamente cuánto crece una categoría, sino quién consigue diferenciarse y capturar ese crecimiento”, explica Cervera.

Este movimiento se produce en paralelo a un entorno macroeconómico menos favorable, caracterizado por presión sobre los márgenes de los agricultores, volatilidad en los costos de los insumos, mayor selectividad del capital y riesgos geopolíticos. Al mismo tiempo, factores estructurales continúan respaldando la expansión de los productos biológicos: la presión por la sostenibilidad, los cambios regulatorios y la necesidad agronómica de sistemas de cultivo más resilientes.

De la nutrición al desempeño funcional

Es en este contexto donde cobra fuerza el concepto de nutrición funcional. El cambio no significa sustituir los nutrientes, sino ampliar su función dentro del sistema productivo.

Según Cervera, los nutrientes están siendo considerados progresivamente también como sistemas de suministro, plataformas de señalización, herramientas para el manejo del estrés, interfaces biológicas y estabilizadores del desempeño.

“Estamos pasando de pensar en el nutriente como un producto aislado a entenderlo como parte de una arquitectura funcional. El valor está cada vez más en cómo se integra, cómo se entrega y cómo interactúa con el resto del sistema”, sostiene. Esta lógica modifica el centro de la innovación: el mayor valor deja de estar necesariamente en el nutriente aislado y pasa a la arquitectura del sistema que lo rodea. La formulación, la compatibilidad, la interacción microbiana, los sistemas de suministro y la adecuación operativa se convierten en elementos fundamentales para que una tecnología funcione en condiciones reales de campo.

Esta transformación también modifica los indicadores de desempeño. En lugar de perseguir exclusivamente el mayor rendimiento teórico, el productor comienza a valorar estabilidad productiva, resiliencia, previsibilidad, eficiencia nutricional y confiabilidad operativa, atributos particularmente importantes frente a la creciente volatilidad climática y económica.

“En condiciones de mayor incertidumbre, la estabilidad y la previsibilidad pueden tener tanto valor económico como el máximo rendimiento potencial. La tecnología debe ofrecer un desempeño consistente y, sobre todo, debe poder ser implementada de forma sencilla en las condiciones reales del agricultor”, afirma Cervera.

La consecuencia es un cambio en la propia lógica de comercialización. Productos técnicamente eficientes pueden fracasar en su adopción cuando implican complejidad operativa, falta de validación local, problemas de compatibilidad o dificultades de implementación.

“Funcionar agronómicamente ya no es suficiente. Una tecnología tiene que ser ejecutable en condiciones comerciales, y eso significa considerar la operación, la compatibilidad, la validación local y la capacidad del productor para incorporarla a su sistema”, destaca Cervera.

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