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Actualidad JUNIO - 2026

El sorgo no hospeda chicharrita y cierra muy buenos números

El sorgo no hospeda chicharrita y cierra muy  buenos números

Los últimos relevamientos de la Red Nacional de Monitoreo de Dalbulus maidis en el NOA muestran una situación que sigue siendo preocupante. De las 42 localidades evaluadas, el 95% registró presencia de la chicharrita del maíz y el 83% se ubicó en la categoría de máxima abundancia, con más de 100 adultos capturados por trampa.  La situación en el NEA es similar: el 98% de las localidades monitoreadas registró presencia del insecto y el 54% se ubicó en la categoría de máxima abundancia, con valores particularmente elevados en Bandera y Tacañitas, ambas en Santiago del Estero. Estas regiones ingresan al invierno con poblaciones de chicharrita todavía elevadas y plantas voluntarias de maíz ("guachos"), que funcionan como puente verde permitiendo la supervivencia del insecto entre campañas lo que representa un riesgo sanitario elevado para el maíz en estas regiones.

El no hospedaDalbulus maidisy crece en mercados:

El sorgo no es hospedero de Dalbulus maidis y, por lo tanto, no participa en el ciclo biológico de la chicharrita del maíz. Esa ventaja sanitaria adquiere especial relevancia en el contexto actual, pero no es el único factor que explica el renovado interés por el cultivo.

En Argentina, la campaña 2024/25 marcó un punto de inflexión para el cultivo. El área sembrada creció alrededor de un 25% interanual hasta aproximarse al millón de hectáreas y la producción se ubicó entre 2,9 y 3,2 millones de toneladas, según distintas fuentes sectoriales, convirtiéndose en una de las mayores cosechas de los últimos años. Tras ese crecimiento, las estimaciones preliminares para la próxima campaña ubican la superficie de sorgo granífero en torno a las 800.000 hectáreas, aunque el resultado final dependerá de la evolución de los precios, las condiciones climáticas y la situación sanitaria del maíz.

En materia comercial, China absorbe entre el 90% y el 95% de las exportaciones argentinas de sorgo, especialmente durante la ventana comercial que se extiende entre mayo y septiembre. Esta fuerte demanda explica que, cuando el mercado chino activa compras, el cultivo gane rápidamente competitividad frente a otras alternativas.

Desde el punto de vista productivo, el rendimiento promedio nacional suele ubicarse entre 4.000 y 5.000 kg/ha. Sin embargo, el potencial real del cultivo con genética moderna y un manejo adecuado es considerablemente superior, pudiendo alcanzar entre 8.000 y 12.000 kg/ha en ambientes favorables. Durante la campaña pasada, provincias como Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos registraron promedios de entre 60 y 70 qq/ha, con lotes que superaron ampliamente esos valores.

El sorgo dejó de ser visto únicamente como una alternativa para ambientes de baja productividad. Hoy combina una ventaja sanitaria clara frente a la chicharrita, costos de implantación inferiores a los del maíz y un mercado exportador con demanda sostenida.

¿Cómo el sorgo actúa con el suelo?

Uno de los principales diferenciales del sorgo frente al maíz se encuentra en su sistema radicular. Se trata de una gramínea con raíces fibrosas, abundantes y muy ramificadas, capaces de explorar un gran volumen de suelo y acceder a agua y nutrientes en profundidad. Esta característica le permite mantener una buena estabilidad productiva en ambientes con restricciones hídricas y explica buena parte de su adaptación a zonas de menor disponibilidad de agua.

Desde el punto de vista de la conservación del suelo, el sorgo aporta una importante cantidad de biomasa aérea y subterránea. Sus raíces contribuyen al ingreso de carbono al perfil y favorecen la formación de materia orgánica, mientras que el rastrojo superficial brinda cobertura, reduce el riesgo de erosión y ayuda a disminuir las pérdidas de agua por evaporación. Diversos trabajos también destacan la capacidad del sistema radicular del sorgo para mejorar la estructura del suelo, favorecer la infiltración de agua y contribuir a reducir problemas de compactación en determinados ambientes.

¿Qué sorgo sembrar y cuándo?

La elección de la fecha de siembra y del ciclo del híbrido son dos de las decisiones que más influyen sobre el potencial productivo del cultivo. Las siembras tempranas suelen maximizar el rendimiento potencial con buena disponibilidad hídrica, mientras que las tardías aportan mayor estabilidad en campañas con limitaciones de agua, aunque requieren híbridos de ciclo corto o intermedio debido a la menor ventana efectiva de crecimiento. Un aspecto clave es planificar la fecha de siembra de manera que el período crítico del cultivo —aproximadamente entre los 20 días previos y los 20 días posteriores a la floración— coincida con la mejor disponibilidad hídrica esperada.

Respecto a la implantación, la siembra a placa permite mejorar significativamente la uniformidad del cultivo respecto de la siembra a chorrillo. En Argentina, las distancias entre surcos más frecuentes oscilan entre 42 y 52 centímetros, ajustándose según el tipo de híbrido y el potencial productivo del ambiente. En ambientes de menor potencial se recomienda reducir densidades y priorizar híbridos de mayor estabilidad productiva.

Desde el punto de vista genético, la tolerancia al pulgón amarillo constituye hoy una característica fundamental. En materiales susceptibles, las pérdidas pueden llegar a ser extremadamente severas. Como ejemplo de las tecnologías actualmente disponibles en el mercado, RAGT Semillas cuenta con dos híbridos que representan distintos planteos productivos: TOB 1078 IG, un híbrido granífero de alto potencial, adaptable también a planteos de doble propósito para producción de grano seco, grano húmedo o silaje de calidad y TOB 1074 IG: híbrido silero con doble tecnología, que combina tolerancia al pulgón amarillo y tolerancia a herbicidas de la familia de las imidazolinonas. Está orientado a la producción de silaje de alta calidad, manteniendo además un buen potencial de producción de grano. Ambos integran la plataforma SFull, que combina Igrowth® (tolerancia a herbicidas imidazolinonas) y SProtect® (tolerancia al pulgón amarillo del sorgo), dos herramientas que permiten reducir significativamente los riesgos asociados al manejo de malezas y plagas.

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