Arvejas verdes y amarillas con grandes posibilidades de exportación
El consultor agropecuario Adrián Poletti analizó las variables agronómicas y de mercado para la legumbre. Remarcó que el cultivo exige más de 30 quintales para ser rentable y explicó el impacto de las políticas internas y el clima de India en la demanda global.
La producción de arveja amarilla en Argentina se consolida como una alternativa estratégica dentro de las rotaciones agrícolas, aunque cuenta con dinámicas comerciales y técnicas muy distintas a las de la arveja verde.
En una entrevista con Agribio TV, el ingeniero en producción agropecuaria Adrián Poletti (titular de Adrián Poletti Asociados) detalló los factores determinantes para asegurar la rentabilidad del cultivo y el escenario que plantea el comercio exterior. El encuentro se dio en el marco de una jornada sobre manejo de arvejas con bioinsumos organizada por Barenbrug Argentina, RAGT Semillas y Elementa Foods en Pergamino.
Un planteo atado al volumen: kilos por hectárea
A diferencia de la arveja verde —donde el color y el riesgo de blanqueado conllevan fuertes penalizaciones comerciales—, en la variedad amarilla la exigencia visual no es tan estricta. Su cotización sigue de cerca la tendencia de los commodities tradicionales, como el maíz o la harina de soja. El umbral de rendimiento: Con precios en torno a los 200 dólares por tonelada, Poletti enfatizó que el número económico depende casi exclusivamente del volumen obtenido. Un rendimiento de 2.000 kg/ha deja la ecuación en pérdida. Meta de 30 quintales: Para lograr la sostenibilidad del planteo a lo largo del tiempo, es fundamental superar los 3.000 kg/ha (30 quintales).
Genética moderna: La incorporación de nuevas variedades resulta imprescindible. Según datos de RGT citados en su exposición, la ganancia genética de los últimos 20 años aportó casi 10 quintales adicionales por hectárea en productividad. Además, el especialista ponderó las ventajas sistémicas del cultivo: sirve de apalancamiento para la siembra de maíz tardío o soja de segunda, favoreciendo la eficiencia productiva y la reducción de costos en el lote. La dinámica de India: monzones, inflación y apertura de importaciones: En el plano internacional, India se posiciona como el gran catalizador de la demanda mundial de legumbres.
Su comportamiento como comprador está fuertemente condicionado por factores demográficos y climáticos: Tracción demográfica y económica: Es el único gran país que continúa creciendo en población y que mantiene tasas de expansión económica cercanas al 5% o 6% anual, lo que lo transforma en un gigantesco consumidor de alimentos.
El efecto de los monzones: Tras una mala temporada de lluvias monzónicas —que probablemente se extienda en los próximos dos años—, la producción doméstica india se resiente, obligando a elevar el volumen importado para sostener el consumo. Tensión política interna: Poletti describió el equilibrio interno entre el Ministerio de Economía (enfocado en frenar la inflación de alimentos en las ciudades) y el Ministerio de Agricultura (enfocado en el ingreso de los productores rurales). Cuando la inflación alimentaria sube y se necesita abastecimiento, el país flexibiliza sus barreras de ingreso. Perspectivas favorables para los próximos ciclos Bajo este panorama de menor producción interna india y alta necesidad de abastecimiento, Poletti estimó que el mercado transita un ciclo de apertura que se sostendrá al menos durante el próximo año y con proyecciones hasta finales de 2027. Una ventana temporal que los productores locales pueden aprovechar apoyándose en un manejo agronómico riguroso y variedades de alto potencial.
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